El brote de COVID-19 ha creado una grave preocupación de salud pública en todo el mundo.
Aunque la mayoría de las regiones del mundo se han visto afectadas por el virus, algunas regiones están más afectadas que otras en términos de infecciones y tasas de mortalidad. Las razones exactas de estas variaciones aún no están claras.

Los resultados de la mayoría de los estudios revisados aquí demuestran que la exposición a corto y largo plazo a la contaminación atmosférica, especialmente a las PM2,5 y al dióxido de nitrógeno (NO2), puede contribuir de forma significativa a las mayores tasas de infecciones y mortalidad, y en menor medida también a las PM10. Se ha encontrado una correlación significativa entre la contaminación atmosférica, las infecciones y la mortalidad por COVID-19 en algunos países del mundo. Los datos disponibles indican que la exposición a la contaminación atmosférica puede influir en la transmisión de virus. Además, esta exposición puede aumentar la vulnerabilidad y tener efectos perjudiciales en el pronóstico de los pacientes afectados por las infecciones como el COVID-19.

La hipótesis de que el nuevo coronavirus podría aprovechar las «autopistas» formadas por las partículas atmosféricas es un punto desafiante que, en nuestra opinión, merece más investigaciones experimentales inmediatas y en profundidad. Es de esperar que se tomen rápidamente medidas para aclarar la dinámica implicada en la actual pandemia.